Soñaba con cambiar el mundo, y terminé trabajando como todos.

¿Recuerdas aquel tiempo de primera juventud cuando vivías relajado pensando en cómo sería el futuro?

Mirabas a tus padres y seguramente, muchas veces pensaste, al verlos tan cansados, sin tiempo real para compartir, “yo no quiero eso para mí, definitivamente lo haré distinto”.

Seguramente el idealismo propio de la juventud te invitaba constantemente a cambiar el mundo, a pensar que todo podía ser diferente y que si sumábamos fuerzas, eso que tanto criticábamos, dejaría de existir.

Y han pasado los años, y te miras realizando tu trabajo, con días de gozo y días de desgano, cayendo el rutina, permitiendo que los días pasen sin siquiera darte cuenta. Te levantas temprano, vas a tu trabajo, siempre con mil cosas que hacer y el tiempo insuficiente para lograrlo (ya hablamos de esto en el artículo anterior), agobiándote, estresándote y llegando con extremo cansancio al hogar. Sueñas con tener el tiempo suficiente para compartir con tu familia, para tener tiempo con tus amigos y para realizar actividades que te gustan y relajan, pero a veces parece imposible. El fin de semana el cansancio te mata y terminas en eternas siestas para caer en la rutina nuevamente al llegar el lunes.

Probablemente, más de alguna vez has pensado “soñaba con cambiar el mundo y terminé trabajando como todos”. Hoy quisiera hacerte una invitación. A volver a soñar y trabajar de una manera distinta.

Los chilenos tenemos un dicho popular: “pasar agosto”. Mientras pensaba en este artículo, me vino este dicho a la cabeza y pensé “¿para qué queremos pasar agosto?” ¿Para seguir como siempre? El tiempo nos invita a renovarnos. Si ya tuvimos la “suerte” de “pasar agosto” es porque la vida nos invita a vivir. Pero a vivir realmente.

Es posible volver a soñar, es posible cambiar el mundo y es posible también, no trabajar como todos. El sueño de la juventud no puede quedar guardado en un cajón. De ser así, ¿qué queda para nosotros hoy? ¿Y para las generaciones futuras? La invitación es a cambiar tu foco de atención. A trabajar para hacer la diferencia y no a trabajar para vivir (menos aún vivir para trabajar).

En esta línea, también es central otro concepto. Hemos escuchado muchas veces la idea del equilibrio entre la vida y el trabajo. Suena interesante. Implica lograr dejar tiempo suficiente y de calidad para poder vivir en “ambos mundos”. Sin embargo, lo que aquí te propongo es pensar en la integración de la vida y el trabajo. La integración de tu mundo personal con el laboral. Somos, en parte, lo que hacemos. Nuestra profesión u oficio es parte de nuestra identidad como personas. Y si es parte de la identidad, entonces no podemos dividirla. La identidad es una sola, permanente en el tiempo y no depende del lugar. Sólo en la medida en que seamos nosotros todo el tiempo, seremos realmente felices.

Y así, si somos de aquellos que buscamos siempre el logro, la meta, el ascenso, creyendo que ello nos conducirá al éxito y entonces seremos felices, deja de perder tu tiempo, porque significa que no estás prestando atención a lo que mencionaba anteriormente. TE LO ASEGURO, no alcanzarás nunca tu meta. El camino es diferente. Sólo la felicidad te conducirá al éxito, porque la felicidad en sí misma ya es el éxito. Si no integras los distintos elementos de tu vida, siempre estarás en deuda con tu propia felicidad (y me pregunto además, ¿acaso eso es vida?). En cambio si lo haces, verás cómo aparecen cambios importantes en tu vida. Verás incluso, mayor productividad de tu parte, más ganas de hacer distintas cosas, seguramente lograrás un mayor engagment (compromiso con la empresa. Hablaremos más de ello en otra oportunidad), serás más creativo, disfrutarás más de tu quehacer y tendrás un mejor ambiente laboral.

Vi una frase en el metro que captó por completo mi atención. ¿Eres de aquellos que van al trabajo o de aquellos que van a su trabajo? Si eres de éstos últimos te felicito. Seguramente, aún pones tu esfuerzo en cambiar el mundo y ser feliz.

Publicado el 2 de septiembre de 2013 en http://asexma.cl/psicologos-voluntarios-sonaba-con-cambiar-el-mundo-y-termine-trabajando-como-todos/

Publicado el 03/03/2015 en http://www.cetep.cl/web/?p=7544

¿Cómo vivir con felicidad mi trabajo mediante el logro de metas? Un tip simple para lograrlo.

Pasamos muchas horas en el trabajo, pero a veces, quedamos exhaustos sin saber realmente por qué. Esto afecta nuestro anímico, probablemente también nuestra relaciones sociales, y por qué no decirlo, también nuestra productividad.

Mucho se habla del estrés laboral, y cómo no, si es una de las patologías en salud mental, más presente en nuestro país y especialmente en nuestra capital.

Por otro lado, siempre estamos ideando nuevas alternativas y estrategias para hacer un uso más efectivo de nuestro tiempo para lograr hacer cada vez más cosas en nuestro día. Nos llenamos de agendas, listados de cosas-por-hacer, utilizamos medios electrónicos, incorporamos alarmas, colores y papeles para destacar lo importante v/s lo urgente … ¡ufff! Un sinfín de métodos para lograr las tan anheladas metas.

Sin embargo, al ir avanzando en nuestras tareas, aquellas pequeñas metas –que forman parte de proceso- parecieran desvanecerse en el aire, sin disfrutar de esa “acumulación de pequeños logros alcanzados”. La meta final siempre parece lejana; siempre es un desafío. Nunca es suficiente. Acumulamos estrés y cansancio en el proceso y dejamos de disfrutar lo que hacemos. Cada nuevo día parece peor que el anterior. Soñamos con nuestras vacaciones todo el año. Soñamos también con tener días que duren más de 24 horas porque el tiempo pareciera nunca ser suficiente.

La buena noticia es que sí podemos vivir con felicidad nuestro quehacer cotidiano, a través de disfrutar la sumatoria de metas en el proceso.

El sr. Alexander Kjerulf, uno de los grandes expositores de la felicidad en el trabajo a nivel mundial, nos invita a cambiar el foco e incorporar una sencilla práctica para alcanzar esta felicidad.

Nuestras “amadas y odiadas” listas de cosas-por-hacer, pueden ser muy útiles para no olvidar nada. Pero, ¿acaso no nos sentimos abrumados cuando es una lista de nunca acabar? Kjerulf, nos entrega una técnica de 3 pasos para revertir esta situación:

1.- Cambia tu lista de cosas-por-hacer por una que sea cosas-que-puedo-hacer. Esto permitirá focalizar los esfuerzos y alcanzar metas realistas cada día. Disminuirá tu sensación de frustración y aumentará la sensación de logro.

2.- Agrega todo lo que se hace a la lista. Añade en el proceso. Normalmente, nos proponemos realizar ciertas acciones durante el día, pero el factor sorpresa, la emergencia, la noticia de última minuto, las consultas de tus compañeros o tenderle la mano a otro, es algo que nos ocurre todo el tiempo, sacándonos de nuestra programación inicial. ¡Atención! Esto que hacemos “extra” es muy valioso y también forma parte de la cultura organizacional, el clima laboral y las metas globales de nuestra empresa. Añade estos elementos en la lista y verás que aquel cansancio normal que tienes al llegar a tu hogar, tiene una importante razón de ser.

3.- Una vez a la semana, observa la lista de lo que has hecho. Una de las mayores fuentes de felicidad en tu trabajo, es hacer cosas productivas y ver los resultados de tu esfuerzo.

Las tareas que tengamos que hacer, seguirán siendo las mismas. La diferencia está en dónde ponemos el foco para sentirnos felices.

Como ves, la solución es fácil. El desafío está en ponerlo en práctica. ¡Inténtalo con tu equipo y verás como todo cambia!

Publicado el 16 de agosto de 2013 en http://asexma.cl/como-vivir-con-felicidad-mi-trabajo-mediante-el-logro-de-metas/

Los Tipos de Felicidad y el Desafío de Considerar a las Personas: ¿Dónde nos Situamos Para Construir Nuestra Empresa?

Desde la psicología positiva, se ha logrado establecer que existen distintos tipos de felicidad que dependen de diferentes focos de atención. Estos son: felicidad hedonista, felicidad ligada al ejercicio de una pasión y la felicidad que se relaciona con el sentido de nuestras vidas y nuestro quehacer. Esta va de la mano con el sentido de la trascendencia.

La primera, es decir, la hedonista, se relaciona con el placer y con la satisfacción inmediata, como podría ser consumir alimentos que nos parezcan deliciosos, como un buen asado, o también comprarse un buen auto.

Esta felicidad es fugaz, dura sólo un tiempo y luego se extingue.

La segunda, se relaciona con realizar tareas que nos apasionan, tanto así, que sentimos que el tiempo “pasa volando” cuando estamos inmersos en ellas (a esto se le ha llamado flow o fluir).

Por último, la tercera corresponde a aquella felicidad que guarda relación con la huella que queremos dejar en el mundo.

¿Dónde se encuentra usted? ¿Qué aspira para su empresa?

Por otro lado, y junto con esto, Carolyn M. Youssef, de la Bellevue University, habla acerca del Comportamiento Organizacional Positivo, en el que destaca 4 elementos claves:

– Capital Económico, que refiere a lo que se tiene,
— Capital humano, que da cuenta de lo que sabes,
— Capital Social,que tiene que ver con quién conoces,

y por último agrega:

– Capital Psicológico, que corresponde a lo que eres y en lo que puedes convertirte.

Este último punto es central para pensar la felicidad relacionada con la trascendencia. En este sentido, consideraremos 4 nuevos puntos que desarrolla respecto del Capital Psicológico:

– Eficacia
– Esperanza
– Optimismo
– Resiliencia

La primera, implica tener la confianza para alcanzar el éxito. ¿tú y tu equipo verdaderamente lo creen?

La segunda, responde a tener la voluntad para lograrlo y el camino claro para hacerlo. Cabe preguntarse aquí si en tu empresa el trabajo tiene sentido para ti y los miembros de tu equipo. ¿Tienen todos clara la importancia de su trabajo para la totalidad de lo que hacen? De lo contrario, aunque exista un camino trazado bien claro (como la planificación estratégica), si no existe sentido en el quehacer, la voluntad de alcanzar las metas no será la que necesitamos para lograrlo.

La tercera, el optimismo, corresponde a que tengamos metas realistas y un modo de trabajo flexible. Esto permitirá que los trabajadores estén motivados con una meta que es posible de alcanzar de acuerdo a los recursos disponibles, y que el método, los horarios u otros elementos, tengan la suficiente flexibilidad para que tus trabajadores pongan en juego lo mejor de sí.

Por último, la resiliencia, es un elemento fundamental para lograr un equipo que sea capaz de sortear las dificultades y lograr una mejora continua. ¡No hay mejor escuela que los errores cometidos! Esta nos lleva a desarrollar al máximo nuestra creatividad para encontrar nuevas soluciones.

Si sumamos los elementos anteriores, podremos darnos cuenta que el capital psicológico es fundamental para construir una empresa compuesta por trabajadores que buscan la felicidad trascendente y que pueden alcanzarla mediante su trabajo, a través de las relaciones sociales que se crean en ese espacio, alcanzando metas comunes y sacando lo mejor de sí mismos para lograrlo.

Y tú, ¿qué empresa quieres construir?

Publicado el 5 de agosto de 2013 en http://asexma.cl/los-tipos-de-felicidad-y-el-desafio-de-considerar-a-las-personas-donde-nos-situamos-para-construir-nuestra-empresa/